Tratamientos

Tratamientos

Tras su primera visita, el equipo de Initia Oncología desarrollará un plan de tratamiento especialmente adaptado a su caso. Existen diferentes tratamientos para el cáncer y la elección de uno u otro depende de numerosos factores: el tipo de cáncer, las características del paciente, el estadio en el que se encuentra…


Cada caso es único, por ello se desarrolla un plan de tratamiento personalizado.



En algunos casos se utiliza un tratamiento único, mientras que en otros muchos se opta por combinar varios tratamientos: cirugía, quimioterapia, terapia dirigida…


Es normal sentir confusión y desasosiego, pero no dude en hablar con su oncólogo de todas las dudas acerca del tratamiento. El equipo médico de Initia Oncología le recomendará las opciones de tratamiento más adecuadas a su caso, pero la decisión final es siempre suya. No olvide tampoco que tiene derecho a una segunda opinión.




Opciones de tratamiento.


Cirugía.


Muchos de los cánceres más frecuentes son potencialmente curables si son diagnosticados en una fase en la que es posible una extirpación quirúrgica completa.


Sin embargo, no siempre la cirugía es el tratamiento más adecuado para una determinada fase de un cáncer concreto o no debe ser considerado como el único tratamiento posible.


Nuestros especialistas en Oncología Médica podrán orientarle acerca de las indicaciones de la cirugía y de los eventuales tratamientos alternativos, si los hubiere, o complementarios a ésta.


En Initia Oncología estamos en contacto con los mejores cirujanos oncológicos de nuestro ámbito y le orientaremos para que pueda contactar con ellos si así fuese preciso.


Del mismo modo, los integrantes de nuestra Unidad de Oncología Médica celebran regularmente reuniones (Comités de tumores) con especialistas de otros ámbitos, como los mismos cirujanos, con el fin de unificar criterios y establecer estrategias terapéuticas comunes.




Radioterapia.


La radioterapia es un tratamiento contra el cáncer que emplea radiaciones de alta energía para eliminar las células tumorales con el fin de disminuir el tamaño de del tumor y, eventualmente, destruirlo.


La cirugía, la radioterapia y la quimioterapia son los tratamientos más frecuentes para el cáncer.



La radioterapia externa se administra mediante máquinas denominadas aceleradores lineales (LINAC) que emiten haces de rayos X de alta energía que se dirigen hacia el tumor desde diferentes ángulos concentrando una dosis máxima de energía en el área tumoral y un margen de seguridad. Otra forma de administrar la radioterapia es mediante el uso de implantes radiactivos que se colocan en el interior o en la proximidad del tumor.


Si usted recibe radioterapia debe tener en cuenta algunos aspectos: no se exponga innecesariamente al sol de forma prolongada, no utilice productos abrasivos sobre la zona a irradiar, evite los roces o frotamientos sobre el área interesada, utilice ropa amplia y preferentemente de algodón, no use ningún producto que no haya recomendado su médico sobre la zona irradiada.




Quimioterapia.


Se conoce como quimioterapia, de forma genérica, a todos los fármacos que se utilizan clásicamente para el tratamiento del cáncer y que van a interferir en los mecanismos de división de la célula tumoral impidiendo o retrasando el crecimiento del tumor. Estos medicamentos pueden administrarse por vía intravenosa o por vía oral.


Generalmente un tratamiento de quimioterapia se administra de forma cíclica durante un período concreto de tiempo o de forma crónica. Un ciclo de quimioterapia es el tiempo que transcurre entre la administración de una dosis de quimioterapia y la siguiente, incluyendo el tiempo de descanso entre administraciones. En algunos casos los ciclos pueden tener varios días intermedios de administración.


La quimioterapia sigue siendo una de las opciones de tratamiento más habituales para el cáncer.



En cada administración de quimioterapia se pueden administrar uno o varios fármacos. Junto con los fármacos estrictamente antitumorales se administran otros medicamentos destinados a modular los efectos secundarios de la quimioterapia, como por ejemplo los antieméticos que se utilizan para evitar las náuseas y los vómitos. Cada administración puede prolongarse durante varias horas.


Con el fin de administrar de la forma más cómoda y segura el tratamiento de quimioterapia su oncólogo posiblemente le recomendará la colocación de un reservorio subcutáneo o port-a-cath. Dicho reservorio es un sistema que se colocará bajo la piel por debajo de su clavícula y que servirá para la administración de los fármacos. Este sistema se conectará a una vena central, más gruesa que las habitualmente utilizadas en el brazo, y permitirá, no sólo evitar dañar las venas periféricas del paciente, sino administrar de forma segura perfusiones prolongadas de quimioterapia a lo largo de varios días, incluso en el domicilio del paciente.


Los tratamientos de quimioterapia se administran en el denominado Hospital de Día, un área del hospital destinada específicamente a la administración de esos fármacos. El Hospital de Día dispone de la infraestructura necesaria para recibir cómodamente el tratamiento prescrito por su oncólogo.


En Initia Oncología encontrará un personal de enfermería perfectamente entrenado en la administración de la quimioterapia y en el reconocimiento de los posibles problemas que puedan derivarse durante la misma.




Hormonoterapia.


Además de los tratamientos anteriormente descritos su oncólogo puede, en determinados casos, recurrir a un tratamiento hormonal. El cáncer de mama, en mujeres, y el cáncer de próstata, en hombres, son los tumores que con más frecuencia son tratados con hormonoterapia.


La hormonoterapia también interfiere en el metabolismo de las células tumorales y contribuye a la destrucción de los tumores o a la disminución del riesgo de recaída.




Inmunoterapia.


La inmunoterapia en el cáncer es el conjunto de tratamientos que tiene por objeto utilizar el propio sistema inmunológico del paciente, sus defensas naturales, con el fin de conseguir un efecto antitumoral. Se trata, por tanto, de una terapia biológica en la que se utilizan sustancias producidas por el propio organismo, o bien sintetizadas en el laboratorio, pero que se asemejan a las defensas naturales de nuestro cuerpo o las estimulan.


Existen diversos tipos de inmunoterapia que utilizan diferentes mecanismos de acción con el fin último de estimular la respuesta inmune de nuestro organismo contra las células tumorales.


La primera terapia inmunológica que se empleó contra el cáncer fue la llamada BCG, o bacilo de Calmette-Guérin, un cultivo de bacterias vivas atenuadas del bacilo de la tuberculosis. La BCG se utilizó por primera vez en pacientes con cáncer en 1935, pero no fue hasta 1966 cuando se demostró su eficacia en pacientes con cáncer superficial de vejiga urinaria. La BCG se instila directamente en el interior de la vejiga urinaria, tras la intervención correspondiente, en los casos de cáncer superficial de vejiga. Dicha instilación provoca una reacción de hipersensibilidad retardada en la pared vesical, de modo que células de defensa del organismo tales como los monocitos, los granulocitos y las células mononucleares, acuden en masa y atacan a las células tumorales que puedan haber quedado allí tras la intervención quirúrgica.



Este mecanismo de estímulo directo de la reacción inmune del organismo contra el tumor es en el que se basa también la terapia con vacunas contra el cáncer.



La vacunación contra el cáncer consiste en introducir en el organismo proteínas o fracciones de un tumor que son entonces reconocidos por el sistema inmune del organismo provocando una reacción inmunológica contra ellas. De este modo se puede prevenir la aparición de un determinado cáncer vacunando al paciente contra los virus que van a facilitar su desarrollo (caso de los virus del papiloma humano en el cáncer de cuello uterino, o de la hepatitis B en el caso del hepatocarcinoma).

También se puede vacunar al paciente contra el tumor que ya le está afectando. Este es el caso de la vacuna contra el cáncer de próstata Sipuleucel-T.


En otras ocasiones lo que se puede utilizar contra las células tumorales son los llamados virus oncolíticos. Se trata de virus que, al ser infundidos en el interior de un tumor, provocan la destrucción de algunas de las células del mismo. Los fragmentos de la célula tumoral destruida por el virus generan una reacción inmune en el paciente que, a su vez, contribuye a la destrucción del resto de las células tumorales.


Otra forma de inmunoterapia es la representada por los anticuerpos monoclonales. Estos anticuerpos, en realidad proteínas que combaten a los cuerpos extraños que se introducen en nuestro organismo, pueden ser fabricados, hoy en día, en un laboratorio. Su mecanismo de acción es doble. En ocasiones el anticuerpo se fija a una determinada proteína o fracción de la célula tumoral y la señala para que el sistema inmune del paciente la ataque y la destruya. En otras ocasiones los anticuerpos monoclonales actúan liberando los frenos que el propio sistema inmune tiene establecidos para el control de su actividad y que son utilizados por las células tumorales como vías de escape a la respuesta inmune. De este modo, anticuerpos como el pembrolizumab o el nivolumab bloquean los “puntos de control inmunitarios” o “checkpoints”, inhibiendo así vías moleculares como PD1, PD-L1 o CTLA-4.


Las citoquinas o inmunoterapias no específicas, constituyen otra forma de inmunoterapia.



Podemos distinguir dos grupos de fármacos: los interferones y las interleucinas.



Los interferones son proteínas producidas por células infectadas por virus o atacadas por cualquier otro antígeno como bacterias, células tumorales o parásitos. Además de activar a las células del sistema inmune (macrófagos, células natural-killer, etc.), los interferones incrementan la presentación de antígenos a las células encargadas de destruirlos, los linfocitos T. De este modo aumentan el reconocimiento de las células tumorales por estas células de defensa y su posterior destrucción.


Las interleucinas son también proteínas implicadas en el desencadenamiento, el mantenimiento y la regulación de la intensidad de la respuesta inmune contra agentes infecciosos o células tumorales y son producidas por los leucocitos.



Tanto interferones como interleucinas han sido empleadas en el tratamiento de diversos tumores como melanomas o carcinomas renales.



La inmunoterapia con linfocitos, o terapia celular adoptiva, es una forma avanzada de tratamiento inmunológico en la que se extraen los linfocitos del paciente (células de defensa), se cultivan en el laboratorio para aumentar su número y se vuelven a infundir en el paciente con el fin de que ataquen masivamente al tumor. Estos linfocitos T pueden ser modificados en el laboratorio incorporando un receptor específico del tumor, de modo que la respuesta inmune contra ese tumor concreto sea mucho mayor. Son los llamados CAR (Chimeric Antigen Receptors).


La tolerancia a los distintos tratamientos basados en la respuesta inmune y los efectos tóxicos derivados de estos, son variados. Interferones e interleucinas suelen provocar en el paciente síndromes pseudogripales, con síntomas y signos semejantes a los de una gripe, es decir, fiebre, malestar, dolores musculares, etc. Sin embargo, la mayor parte de las terapias inmunológicas son bien toleradas por el paciente y sus efectos secundarios resultan aceptables. Esto permite su combinación con otros tratamientos como la quimioterapia o la radioterapia. Son frecuentes las reacciones en la piel, las diarreas, los síndromes pseudogripales que ya hemos descrito, la alteración de las enzimas hepáticas (GOT y GPT) revelando una inflamación del hígado, la neumonitis (una inflamación del tejido pulmonar que puede manifestarse con dificultad respiratoria o tos) y trastornos hormonales. Sin embargo, la reacción autoinmune es, quizá, el efecto más llamativo y temido en este tipo de terapia. Se trata de una reacción inmune desproporcionada de las defensas del organismo contra tejidos propios del paciente que son confundidos por la terapia inmunológica como extraños o tumorales. Esta reacción desproporcionada contra las propias células del organismo puede ocasionar la destrucción de células sanas del paciente en diferentes tejidos y generar serios problemas. Del mismo modo, la propia reacción desproporcionada, exagerada, del sistema inmune del paciente podría provocar situaciones que requerirían una atención urgente. Por este motivo, si usted es sometido a una terapia inmunológica debe contactar con su oncólogo o acudir al servicio de urgencias siempre que note alguno de los síntomas arriba referidos o ante cualquier malestar repentino.


En general, la mayor parte de los efectos secundarios de las diferentes inmunoterapias son manejables y controlables fácilmente. De hecho, las últimas terapias inmunológicas se toleran mejor que cualquier otro fármaco antitumoral por lo que pueden utilizarse en combinación con ellos. En cualquier caso, todo nuestro equipo estará a su disposición para aconsejarle y asesorarle si usted recibe alguno de estos tratamientos.




Terapias dirigidas.


Los avances en el mundo de la Oncología están permitiendo alcanzar un grado de personalización en el tratamiento de los tumores impensable hace sólo una década.


Utilizando información obtenida del análisis biomolecular y/o genético del material tumoral obtenido mediante biopsia o de la propia sangre del paciente, se puede llegar a caracterizar de forma exhaustiva el tumor de modo que sea posible ofrecer al paciente el tipo de tratamiento antitumoral más adecuado, ya sea quimioterapia clásica, anticuerpos monoclonales o inmunoterapia.


El perfil biomolecular y genético del tumor nos permitirá seleccionar aquellos fármacos que mayor eficacia hayan demostrado minimizando las toxicidades derivadas de su uso.

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